Asociación de Amigos del Patrimonio de Laredo
VISITA A LA CUEVA DE LOS SANTOS
2 de marzo de 2008
El pasado domingo, día 2 de marzo, realizamos la visita a la Cueva de los Santos (en Laredo) que se halla detrás del polideportivo y que lleva muchos años cerrada al público.
Fue una de las más multitudinarias que hemos visto, y donde pudimos ver a gente mayor (buscando recuerdos), niños y curiosos, de aquí y de allá, que la desconocían…
Hubo que hacer dos turnos para poder entrar todos de una manera más o menos segura, y si me preguntáis cuántos éramos, yo hubiese dicho que 100, pero seríamos unos 70 (corregidme si estoy equivocado)…
Pensamos, en un principio, que acabaríamos pronto, pero la cosa –como de costumbre- pasó de las dos horas…
Recuerdo que aquí, a la cueva, veníamos los niños del C. P. José Antonio – en el recreo o después de clase- y todos estos edificios que hoy nos rodean –excepto el antiguo matadero municipal (hoy piscina)- no existían.
Por aquí, recuerdo que solo había un antiguo lavadero y otra cueva que llamaban “del Burro Muerto”, porque había en su interior un esqueleto de un animal –un burro, decían- que acabó, poco a poco, en los cajones de una clase del colegio (aunque no tuvimos laboratorio hasta mucho después). Y, ésta cueva, ya se llamaba “De los Santos”…
Vamos comentar un poco la visita:
Aquí, en la cueva, hay filtraciones de agua, como pudimos ver, y la palabra “Estalactita” viene del griego σταλακτός (stalaktós): "que gotea". Todavía quedan algunas, pero la primera vez que yo la vi había muchísimas más.
Aquí la roca es calcárea y el agua, poco a poco, le va dando forma columnar o puntiaguda (con un hueco central), que cuelga de los techos.
Las estalactitas se originan por la deposición del carbonato cálcico que lleva disuelta el agua que filtra por el techo de la cueva.
Esas filtraciones de agua dan forma a la roca, y de ahí lo de “Los Santos”.
Yo hace más de 30 años que la conocí y, sí, había estalactitas que, dicen, han roto –rompimos- los niños. Y también me contaron, los que me la mostraron por primera vez, que ahí había un león y a su izquierda, más arriba, estaba Moisés con las tablas de la Ley -Los 10 Mandamientos de Charlton Heston-, que hoy está más difuso… El león ahí sigue tumbado y mirando al fondo y aún pude reconocer la parte que queda del Moisés (aunque el otro día hubo quién dijo que era un “mono”) y, sí, todavía, en una oquedad de una piedra, pudimos ver (apreciar) un Santo… Con su barba, hábito y cayado.
Me llamó la atención que todavía guarda restos –entre los desprendimientos de roca- de todo tipo de materiales de desecho propios de la actividad humana (ramas, periódicos, plásticos…) y la gran cantidad de arcilla, de excelente calidad, que compone parte de su estructura. Sobre todo, porque pensé que, ahí, hacía mucho tiempo que no entraba nadie –excepto algún perro y el empleado municipal-.
Me comentó mucha gente que, años atrás, ahí moraron gitanos –que también hicieron algún destrozo- y otras gentes. Y que por las tardes-noches se veía salir, por los óculos de la bóveda, el humo de las hogueras.
También hablamos de macizos kársticos y de la gran cantidad de cuevas que podemos encontrar en está zona (J. M. Remolina y M. A. Montes).
No olvidando el tema del “antiguo lavadero”, el río Culebro que lo abastecía y que según un empleado municipal (Ochoa) discurre a más de 10 m. de profundidad por el interior de la cueva y es de donde, mediante púa, se abastecen los camiones de limpieza y riego del ayuntamiento. Es curioso, pero ese río subterráneo, que yo no vi (y que estoy invitado a visitar), comentaron que tenía tramos por los que se podía navegar en piragua…. Eso sí, durante toda la estancia, nos acompaño un continuo “soniquete” de ruido de agua.
No hemos de olvidar que también avanzamos en el tiempo, que M.A. Montes nos contó como se desarrollaron las obras de canalización del río y la construcción del “bullón”, así como otras instalaciones y recuerdos como fue la herradura (que aún se conserva) donde se ataban los caballos, en la antigua “Plaza de Herradores” (junto a el taller de Tinin Riñones). Pero eso ya fue a la salida y de vuelta.
Y, para acabar, a modo de pequeño homenaje, reproducir un párrafo del libro de Guillermo Cabada (un laredano que emigró a América –Argentina-, allí estudió “Arte Sacro” en la especialidad de Escultura y Decoración, haciéndose maestro de esa materia, también fue pintor e ilustrador en diferentes editoriales) “Baldomero de Laredo” que tiene ilustraciones suyas, también, de la cueva…
“Buscando arcilla para hacer figuras llegaron a la “semioculta” entrada de la cueva…
(…) Un espectáculo de fantasía iluminado por un tragaluz natural que se encontraba en la parte superior de lo que parecía ser una cúpula de catedral.
Un ¡Oh! Intenso proyectado en nuestros ojos recorrió la cueva en forma de bóveda esférica acornizada en su meridiano, donde crecían las más variadas estalagmitas alimentadas por los cristalinos goteos de puntiagudas estalactitas que producían al caer campaniles sonidos, que me recordaban la cueva marina de Santoña, y se reproducían con los juguetones ecos que recorrían las húmedas formaciones pétreas.
Bordeaban el lugar un sinnúmero de columnas formadas por la unión de estalactitas y estalagmitas que daban la sensación de que hubieran quedado petrificados por alguna maldición dispersos grupos de soldados y santos meditativos.
En está visita investigativa que hicimos a la cueva logramos encontrar la arcilla que buscábamos y que estaba oculta tras la cáscara pétrea de las paredes (…) que resultó de la más refinada que pudiera imaginar (…)(Fernando Baylet)





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