Asociación de Amigos del Patrimonio de Laredo

Lobos y encinas….
El pasado domingo, día 4 de mayo de 2008, la Asociación de Amigos del Patrimonio de Laredo volvía a reunir a más de 50 personas para visitar la casa y los jardines de la última (de por lo menos tres) casa “Cachupina” que queda en Laredo, gracias a sus actuales propietarios, la familia Avendaño.
Si doña Modesta Antonia Velez-Cachupín tuvo la fatal idea de irse a las fiestas de Santoña un 6 de septiembre de principios del siglo XIX, en una pinaza, con su familia y su perro de lanas… con la mala suerte de naufragar, no es culpa de nadie (solo se salvó el perro de aguas, según Basoa). No es culpa de nadie pero ahí se perdió la “saga”, la estirpe de una famosa familia “Los Cachopines” de los que hablara hasta un tal “Vivaldo” en el Quijote.
Decía el lema de los “Cachopines”: “Antes desaparecerán (en estos lares) lobos y encinas que familias “Cachopinas”… Bueno, pues hoy estamos sin lobos (queda alguno de dos patas), casi, casi, sin encinas (exceptuando el Brusco) y familias “Cachopinas”…. Aquí ya no queda nadie. La culpa: ¿Las Fiestas de Puerto?
Sin embargo nos queda su historia (que como laredanos nunca debemos dejar perder), nos queda el Quijote y nos queda una casa…
La casa-Torre del Hoyo o Velez-Cachupín:
Se ubicaba esta casa, extramuros de la villa medieval, junto a los viejos muros del Puerto Chico (hacia 1646) y al lado de la Puerta del Ras o Puerta del Arenal, denominación adquirida por llegar hasta ahí mismo el mar (recuerdo de niño el taller de Pedro “el rubio” lleno de ruedas de coche y camión y, entre ellas, una argolla de hierro de las de amarrar los barcos), la torre que aquí había se derribó para levantar la casa que ahora vemos.
Perteneció en un principio a D. Juan del Hoyo Alvarado (capitán y señor de las casas del Hoyo heredadas de su abuelo don Martín del Hoyo), que se casó con doña Antonia de Mori y del Hoyo y Escalante, y fueron padres del canónigo e inquisidor de Toledo don Carlos del Hoyo Mori, del Consejo de su Majestad, y de don Luís, fiscal y oidor en Granada, alcalde de Casa y Corte, Consejero de Hacienda y del Supremo de Castilla, quedando el vínculo sin sucesión.
La casa tiene un soberbio escudo con las armas de las familias García del Hoyo, Escalante y Alvarado Mori (el que todavía se puede contemplar hoy). Desde el siglo XVIII perteneció a la familia Vélez-Cachupín. Primero a Don Tomás Vélez-Cachupín, que fue capitán general de Nuevo México y posteriormente a Dña. Modesta Antonia Vélez-Cachupín, "la Cachupina" -que he nombrado- sobre la queal comenzar el siglo XIX, recayeron los mayorazgos¹ de Vélez, Ajo, el de Escalante, La Obra y Villota del Hoyo… ¡Vamos!... Que solo le faltaron los del clérigo Pelegrín...
En el siglo XIX, esta familia albergó al conquistador Simón Bolívar en sus estancias en la Villa de Laredo, seguramente, en alguna de las habitaciones que, al final, recorrimos.
Esta casa, además, esta adosada a la de D. José Benito Zarauz del Castillo (Palacio de Zarauz) del siglo XVIII y a la Puerta Medieval de la Mar por donde se accedía, como camino público, al antiguo “Camino de Castilla”, hoy cerrada por ambos lados y con aires de trastero o almacén. De la biografía de Zarauz sabemos que fue don José Benito navegante y armador a principios del siglo XVIII y sus negocios se extendían a las Indias Occidentales (costas del Perú). Fue, también, teniente general de Artillería. La casa que hoy vemos data de hacia 1737.
El pasado domingo día 4 tuvimos, entonces, el privilegio de deambular, un poco, por ese antiguo arrabal. De ver esas casas. De volver a recorrer esos jardines por donde arrancó la puerta medieval que iniciaba el antiguo “Camino de Castilla” y de recordar, porque no, un poco de nuestra historia. Esa que parece, a veces, que nos cuesta tanto cuidar y recordar. Todo ello acompañado de toda una clase de botánica que no viene mal cuando de jardines, también, se trata y de algún comentario histórico, al hilo de lo anterior.
Como nota pintoresca: aunque esos jardines se pueden adivinar desde la calle, muchos de nosotros en nuestros más de 40 años de existencia nunca habíamos visitado…
Gracias a la familia Avendaño y desde aquí un recuerdo para esos “Cachopines” que inmoralizó Cervantes. Y, también, gracias a Clemen, a Rufo, a Remolina y a M. Ángel y, ¿Cómo no?, a todos los asistentes que, como siempre y una vez más, supieron hacer de la historia algo entretenido, actual y cotidiano.
¹(El mayorazgo es una institución del antiguo derecho que permitía mantener un conjunto de bienes vinculados entre sí de manera que no pudiera nunca romperse este vínculo. Los bienes así vinculados pasaban al heredero, normalmente el mayor de los hijos, de forma que el grueso del patrimonio de una familia no se diseminaba, sino que sólo podía aumentar).
Fernando Baylet.



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