Asociación de Amigos del Patrimonio de Laredo
DON FRANCISCO VELASCO. VIDA Y OBRA DE UN ARTISTA
Don Francisco Velasco Torre fue un artista santanderino afincado en Laredo. Hombre reservado y sencillo, no gustaba en modo alguno de mostrar su obra pictórica, de por sí escasa, pero de gran valor artístico, y salvo unos pocos amigos y conocidos, la mayor parte de los laredanos solo conocían de Velasco que fue el autor de la talla de la Virgen de la Soledad.
Fue Velasco un hombre de mirada aguda y profunda, cuya figura menuda resultaba, casi, incapaz de contener tanta sensibilidad, tanta sencillez y tan callada bondad. Con motivo de una exposición de pintores laredanos organizada por el Ayuntamiento de Laredo, se logró de Velasco, tras muchos ruegos, que en la Sala Municipal de Exposiciones “Doctor Velasco”, de Laredo, enclavada en el edificio fundacional creado a principios de siglo por su tío D. Federico Velasco, hoy transformada en Casa de Cultura de esta Villa, figuraran tres componentes de su obra una delicada marina, una caracola de mar con sus nacarados colores y un impresionante retrato del Sr. Treto. Los laredanos y veraneantes que visitaron masivamente la exposición aquel verano de 1.979, quedaron impresionados por la categoría artística de la muestra pictórica de Velasco.
La realización de la talla de la Soledad ya fue contada y publicada en medios de comunicación, por quien esto escribe, hace de ello muchos años. Querida y admirada por los laredanos y por quienes contemplan el bellísimo rostro doliente salido de sus manos, Paco Velasco insistió en restarse méritos, alegando una y otra vez que él era sólo pintor, no escultor. Quizás vuelva en próxima ocasión a publicar aquel trabajo en esta Página.
En su Santander natal, Velasco estudió con el pintor y poeta Angel Espinosa, nacido en Calatayud, de padres cántabros, quien se dedicó por entero a la pintura y logró una reconocida fama como retratista de grandes personajes. Por aquellos tiempos conoció también al pintor Flavio San Román, natural de Cicero.
El año 1.926 Velasco marchó a Madrid y se incorporó al estudio del gran pintor andaluz Daniel Vázquez Díaz, quien ya por entonces era muy famoso. Eran sobre veinte las personas las que acudían al estudio de Vazquez Díaz en su caserón de la Calle María de Molina, y el ambiente era de una gran amistad y simpatía. Entre los discípulos se encontraba el Marqués de Duero, la Condesa de Montarco, un tipógrafo del periódico madrileño “La Voz”, etc. Todos se llevaban magníficamente bien y en el estudio desaparecían por completo las diferencias sociales, las ideologías o los caracteres contrapuestos. Se trabajaba arduamente, centrando la atención en las enseñanzas del maestro. Las clases se desarrollaban de 9 a 13 horas. Las tardes las dedicaba el pintor para su propia obra.
Era Vázquez Díaz un hombre muy documentado sobre arte y de carácter extrovertido y desbordante, hablaba a menudo de su vida en Paris, dentro del ambiente cultural de vanguardia que le tocó vivir en la Ciudad Luz, donde conoció, entre otros, a los afamados escultores franceses Bourdelle y Rodin.
Permaneció Velasco con Vázquez Diaz tres años, hasta 1.928, en que regresó a Santander. Su familia veraneaba en Laredo, al igual que la familia Enciso, la cual año tras año se desplazaba cada verano desde Madrid a esta Villa y fue aquí donde Velasco conoció a Teresa Enciso y Enciso. El 23 de Septiembre de 1.931 se unieron en matrimonio, en una vida compartida, entrañable, ejemplar, fijada ya definitivamente su residencia, en la casa de los Velasco, al final de la Calle Santa Catalina, junto a la ermita del mismo nombre, cuya casa hace esquina a la Calle Regatillo.
Dibujante, pintor, escultor, fotógrafo excepcional, miniaturista, diseñador y lector infatigable, dotado de una vasta cultura, profundo y paciente observador, Paco Velasco con sus manos maestras realizó las obras más dispares, desde la figura de un busto, pintado, con un fiel parecido, de su padre político D. Antonio Enciso, elaborado en ¡el corcho de una botella de champán!, hasta la talla en madera de una calavera humana, con el maxilar inferior articulado, que había que observar minuciosamente para cerciorarse que no era auténtica, evidenciando un perfecto conocimiento anatómico, pasando por detalles pequeños y grandes que avalaron su gran calidad artística, creadora y de restauración.
Francisco Velasco falleció en Laredo el día 9 de Febrero de 1.984. Sus restos reposan en el panteón familiar del Cementerio de esta Villa.
Con lacerado dolor, un amigo íntimo del artista escribió entonces la siguiente necrológica, al dictado de una fuerte y sentida carga emocional:
“Hablo en presente, pero con sentimiento, debo hacerlo en pasado. De salud quebradiza, ya hacía años que Velasco no salía de su encierro voluntario en su casa de Santa Catalina, acompañado de su esposa. Y Paco nos dijo adiós con su forma habitual: silenciosamente.
Con una mente tremendamente lúcida, Paco Velasco ha llevado hasta el final con abnegado sufrimiento su enfermedad, y el pasado jueves día 9, a las dos de la tarde de este ventoso invierno laredano, su corazón debilitado dejó de latir. Tenía 82 años de edad.
Descansa en paz, Paco Velasco. La Virgen de la Soledad que con tanto amor modelaste en la tierra, te ha acogido en el Cielo. Y te imagino, con tu voz aguda y quebrada, mientras señalas desde lo Alto con tu mano últimamente artrítica y temblona apuntando hacia la Iglesia Parroquial de Santa María de Laredo, donde se cobija su talla, decir quedamente: “Yo sólo soy pintor, no escultor…”Este amigo, bien lo sabes, Velasco, soy yo. ¡Perdona mi indiscreción!.
RUFO DE FRANCISCO
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